Los dos Papas ¿verdad o mentira?

Dos horas y cinco minutos y una clasificación para mayores de trece años, hacen parte de la película de Fernando Méirelles “Los dos Papas”, cuyos protagonistas son Anthony Hopkins, Jonayhan Pryce y Juan Minujín, quien interpreta a Bergoglio joven.

Lógicamente, como Vaticanista, he visto la película tomando en cuenta la advertencia “basada en hechos reales”, que no es lo mismo a “ceñida a los hechos”, puesto que el director se ha tomado ciertas licencias que permiten novelar la trama, pero que no son ciertas, aunque muchas personas creerán que así son las cosas, pues al comienzo, la gente recordará a Hannibal, otro personaje de Hopkins, particularmente odiado por su maldad, identificando al Papa emérito con el antropófago de su anterior película y mostrando a Benedicto XVI como si de verdad quisiera devorar a cualquiera que se le pasara por delante.

Lo primero que cuestionamos es que el supuesto encuentro en el verano de 2012, en realidad nunca se produjo y, muestra a un Ratzinger obsesionado con un folclórico cura de pueblo que llegó a ser Cardenal y a disputarle en 2005 la candidatura al trono de Pedro con la canción de Abba “Dancing Queen”. Ese Francisco de hoy, bailarín de tango, en realidad, dista mucho del Arzobispo de Buenos Aires moderado y simple, que la película pinta como un cuasimarxista.

En el caso de los sacerdotes Orlando Yorio (fallecido en 2000) y Franz Jalics, éste último declaró, recién elegido Francisco, que hoy consideraba un error afirmar que su secuestro y el del padre Yorio en el año 1976 se hubieran dado tras una denuncia de quien por entonces era el Superior Provincial de la Compañía de Jesús. Está probado que fueron los torturadores quienes hicieron creer a los sacerdotes que habían sido “vendidos” por su provincial.

Según el periodista italiano Nello Scavo, autor del libro “La lista di Bergoglio. I salvati da Francesco”, durante la dictadura, se quería desacreditar a Bergoglio como “no confiable” ante los ojos de los disidentes y de sus propios hermanos jesuitas, táctica utilizada en países que fueron comunistas, como Hungría, Polonia y Rumanía, donde se hacía lo mismo con religiosos difíciles de alinear y esa “duda”, inoculada en la opinión pública, lo cual, podía resultar más eficaz que las intimidaciones y los interrogatorios inescrupulosos. Mostrar a Bergoglio como alguien que se la pasaba tomando el té con el Almirante Massera.

Lo que sí es cierto, es que cada uno de los que se beneficiaron con la protección de Bergoglio en el Colegio de San Miguel, a sólo dos cuadras de la Casa Rosada, residencia del dictador militar, dicen haber presenciado el salvamento de más de un centenar de personas, entre ellos, el sindicalista Gonzalo Mosca, la jueza Alicia Oliveira, el literato Alfredo Somoza, el sacerdote José Luis Caravias, los seminaristas Enrique “Quique” Martínez Ossola, Miguel La Civita y Carlos González, los catequistas Sergio y Ana Gobulin, el gobernador José Manuel de la Sota, el jesuita Juan Carlos Scannone, etc.

Merece la pena documentarse bien, incluso leyendo un documento de Amnistía Internacional de 2013, donde se lee: “No hay una imputación o acusación formal contra Jorge Mario Bergoglio y no tenemos constancia en nuestros archivos de cualquier participación del Arzobispo de Buenos Aires en otros casos”.

Desaciertos

Otra cosa que no es cierta dentro de la película, es que hace más de 28 años que el Papa Bergoglio no ve televisión, ya que el 16 de julio de 1990 hizo esa promesa a Dios y a la Virgen del Carmen la ha cumplido a cabalidad. Lo que sí es cierto, es que el guardia suizo apostado en su puerta en Casa Santa Marta, le pasa los resultados del fútbol, incluso del San Lorenzo.

Igualmente, dos menciones a Benedicto XVI como nazista, tampoco son verdaderas. Lo que si es cierto, es que a los niños alemanes los hacían obligatoriamente participar de las juventudes hitlerianas, pero no es que haya habido nunca una simpatía de Ratzinger por el causante del Holocausto. Igualmente, en la película, Benedicto comenta que le dicen “El Rottweiler de la Iglesia”, cuando se le conoce, desde que asumió la Sagrada Congregación para la Doctrina de la Fe, como “El Pastor Alemán”, aun cuando nosotros mismos, somos unos ignorantes supinos acerca de la obra del Papa emérito, a quien se le conoce como el “Mozart de la Teología”. Pasarán siglos hasta que se le canonice y se le proclame Doctor de la iglesia por sus aportes. Incluso el Nobel de Literatura Mario Vargas Llosa dijo: “es que Ratzinger, sin tomar en cuenta su rol jerárquico, es uno de los grandes ensayistas europeos. Leí sus tres volúmenes sobre la vida de Jesús de Nazareth y alabo su brillantez”.

El “silentium incarnatum”, que dos veces le pide Benedicto a Bergoglio, la segunda vez en relación con la renuncia pontificia, nunca se produjo, pero lo cierto es la frase que “Un mártir de justicia y verdad debe ser la personificación del Papa”, que Bergoglio le dice a Benedicto y que lo hace comprender -en la película-, que tampoco él puede renunciar a la púrpura cardenalicia, como lo ha sugerido el viaje y los días vividos en Castel Gandolfo, previos a la verdadera renuncia del Papa, que no se producía hacía 700 años y, para lo cual, se muestra el verdadero sentido del humor de Benedicto XVI: “El latín es muy útil, sobre todo para dar malas noticias a los cardenales”, lo cual después, en cierta forma lo hace gozar, cuando emitió su dimisión y todo el cuerpo de clérigos presentes se preguntaba en la película ¿Qué dijo?, ¿Qué dijo?

Sin embargo, me llamaron la atención otras frases de la película, como que en 2005 “La Iglesia votó para que las reformas que están por hacerse no se hagan”, “Una iglesia que se casa con una época, quedará viuda en la siguiente”, “Las coincidencias no existen, todos estamos en manos de Dios”, “La comunión es para los enfermos, no para los virtuosos” y la última, una supuesta pregunta de Benedicto XVI a Bergoglio: ¿Si no quiere ser Cardenal, aún quiere ser sacerdote?

Varios nombres controversiales fueron mencionados de paso: Los cardenales Ángelo Scola, como opositor en el cónclave de 2005; el nefasto salesiano Tarcisio Bertone, lo peor que le pudo pasar a Benedicto XVI en su pontificado y, en la supuesta confesión sacramental mutua que los dos Papas se hacen en el “Cuarto de las Lágrimas”, la sacristía de la Capilla Sixtina, la mención al sacerdote Marcial Massiel, pederasta encubierto por Juan Pablo II. En la película se presenta ahí un silencio sepulcral, donde Benedicto XVI le confiesa a Bergoglio las atrocidades de este depredador mexicano, fundador de los Legionarios de Cristo.

*Doctor en Derecho Canónico y Vicerrector de la Universidad La Gran Colombia.

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2019-12-30T18:54:26+00:00